🌱 La Pachamama y sus celos por las mujeres en las minas
El mito cuenta que las mujeres no pueden ingresar a las minas porque traen mala suerte.
En Bolivia, Perú y el noroeste argentino, se dice que cuando los mineros bajan a las entrañas de la tierra quedan bajo el poder de un demonio llamado “El Tío”, un espíritu andino que provee minerales de alta ley. Suele representarse con una figura a la que se le ofrendan cigarrillos, bebidas alcohólicas y hojas de coca.
Este dios del inframundo es considerado amante de la Pachamama, la Madre Tierra. Si las mujeres ingresaran a la mina, la Pachamama podría estallar de celos y provocar una tragedia.
Ese carácter temperamental de la Madre Tierra explica otro de los mitos más difundidos: las mujeres son sinónimo de mala suerte. Si el Tío se enamorara de una visitante, dejaría de fecundar a su amante y escasearía la plata. Pero, incluso si no la deseara, la sola competencia femenina haría que la “Vieja” cerrara su vientre y sepultara a los trabajadores.
✝️ La prohibición de sacerdotes
Otro mito cuenta que los sacerdotes no pueden entrar a las minas. El “Tío” no puede salir porque la cruz Tatacajchu, colocada en la entrada de los yacimientos, lo retiene.
Como las almas destinadas al infierno, los mineros viven bajo tierra. Allí, Dios no los ve, y por eso se encomiendan al Tío. Le ofrecen alcohol, cigarrillos y hasta sacrificios de animales para evitar su furia, pues se cree que puede provocar derrumbes como castigo.
Según el mito, ni siquiera los curas devotos del Diablo podrían ingresar. La razón es particular: la sotana podría confundir a la Pachamama, amante del Tío, haciéndola creer que se trata de mujeres, lo que desataría su ira celosa y mortal.
👻 Los fantasmas de Hualilán (San Juan)
La historia de este territorio ullunero es de las más antiguas de la provincia de San Juan. Se sabe que los incas conocían la riqueza de sus metales, aunque la falta de agua y tecnología les impidió explotarlos.
Durante siglos, Hualilán tuvo períodos de actividad y largos abandonos. Sin embargo, muchos aseguran que las almas de los trabajadores siguen presentes. Se dice que allí cumplían condena prisioneros que también trabajaban en la mina.
Las leyendas hablan de gritos, gemidos y ruidos de cadenas, además de luces extrañas que aún hoy se pueden ver a lo lejos.
💰 El tesoro de Osorio (San Juan)
La leyenda del tesoro de Osorio, escondido en la cordillera sanjuanina, ha intrigado a generaciones.
Según la tradición, Francisco de Paula Soria encontró una veta de oro puro en el siglo XVIII. Antes de viajar a Bolivia, decidió enterrarlo cerca de Angualasto. Enfermo y al borde de la muerte, legó un manuscrito con la ubicación del tesoro a un sacerdote jesuita.
En el convento Santo Domingo se decía que el documento se conservaba, aunque con los años se negó su existencia. El escrito describía con detalle el camino a seguir, mencionando cerros derrumbados, puentes de piedra, un arroyo, y una piedra verde tan alta como un hombre, bajo la cual estaría oculto el tesoro.
El texto concluía:
“También te encargo que busques con alguna prolijidad una piedra verde de estatura de un hombre que está parada a cuyas inmediaciones se halla, y encontrada que sea la voltearéis y escavaréis: Allí dejé tapados millones de oro y plata… No desconfíen vuestros descendientes de este mi razonar así”.
📚 Estos mitos reflejan la forma en que las culturas andinas y criollas explicaron lo inexplicable, mezclando creencias, miedos y esperanzas en torno a la minería, una actividad que siempre supo despertar respeto y misterio.