Tras la Revolución de 1810, los primeros gobiernos patrios vieron en la minería la llave para financiar al nuevo Estado y consolidar la independencia. Sin embargo, las esperanzas puestas en la herencia colonial chocaron rápidamente con la dura realidad de un país sumido en la anarquía y carente de los recursos necesarios para emprender una industria a gran escala.

❗ El Fracaso del “País Minero”

La joven Argentina intentó constituirse como un “país minero”, poniendo sus esperanzas en los supuestos tesoros del cerro Famatina en La Rioja, al que consideraban un digno reemplazante del Potosí perdido. Sin embargo, este primer ciclo de la minería nacional, que buscaba afanosamente oro y plata, se cerró con un fracaso total hacia 1830. Las causas fueron múltiples: la permanente anarquía y los desencuentros políticos, las características geológicas del suelo que no presentaban yacimientos de la magnitud esperada, y la falta de conocimientos técnicos y capital para una explotación moderna.

↗️ El Ascenso del “País Ganadero”

Tras la frustración del proyecto minero, un modelo económico alternativo avanzó con paso firme: el “país ganadero“. Respaldada por la excelencia de sus tierras, la proximidad a las vías fluviales y los puertos, y un carácter renovable de más fácil obtención, la ganadería se consolidó como la principal fuente de riqueza del país durante gran parte del siglo XIX.

📜 Las Primeras Leyes de Fomento y la Búsqueda de Capitales

A pesar del fracaso general, los primeros gobiernos patrios tomaron medidas concretas para intentar impulsar la minería, sentando precedentes para futuras políticas de fomento.

Asamblea del Año 1813

Adoptó dos resoluciones clave: 1) La abolición de la mita, ordenando su publicación en guaraní, quechua y aymará para asegurar su difusión. 2) La sanción del “Reglamento de Mayo“, primera ley de fomento minero, que liberó de aranceles la importación de maquinaria y declaró libre la comercialización del azogue (mercurio), desmantelando así uno de los principales instrumentos de control económico de la Corona Española.

Misiones Diplomáticas

En 1818, Bernardino Rivadavia, en misión diplomática en Europa, intentó interesar a capitalistas de París y Londres en la explotación de las minas de Famatina. Este fue un temprano intento de atraer la tan necesaria inversión extranjera.

ℹ️ La Aventura Inglesa: Compañías y Desilusión (Década de 1820)

En la década de 1820, la fiebre especulativa en Londres llevó a la creación de las primeras compañías mineras con capitales ingleses para operar en Argentina, como la “Rio de la Plata Mining Association“. Estas empresas buscaban obtener privilegios exclusivos para explotar las minas de las Provincias Unidas. No obstante, la aventura terminó en una profunda desilusión por una combinación de factores:

  1. Inestabilidad Política: Las guerras civiles y la oposición de las provincias al gobierno centralista de Rivadavia crearon un clima de gran inseguridad jurídica, haciendo imposible cualquier inversión a largo plazo.
  2. Falta de Yacimientos Viables: Los informes sobre la riqueza minera eran a menudo exagerados. Se decía, por ejemplo, que en los curatos jujeños de Rinconada y Santa Catalina “el oro brota con la lluvia”. La realidad era que no existían depósitos de valor comercial comprobado que justificaran una explotación a gran escala.
  3. Conflictos de Intereses: Surgió una fuerte competencia entre diferentes compañías que buscaban los mismos privilegios, y muchas provincias se negaron a conceder los derechos exclusivos que estas empresas exigían, defendiendo su soberanía sobre los recursos.

Este período de estancamiento y promesas rotas concluyó con el fracaso de los primeros intentos de industrialización minera. Sería necesaria la estabilidad institucional que trajo la Constitución de 1853 para que la iniciativa privada, esta vez con raíces más locales, volviera a tomar impulso.